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Historia del Druída Oldain

Hace 4.000 años en las costas más occidentales de Europa, se desarrolló una cultura y un pueblo que ha sido desde la misma antigüedad un misterio para los pueblos vecinos y en la actualidad para todos nosotros. El misticismo de los celtas los ha hecho únicos y su conocimiento de lo sobrenatural los ha rodeado, a veces, de un halo de incomprensión, y otras, ha conseguido que quienes se acerquen para conocer mejor esa cultura queden encandilados por la energía que emana de sus ritos y costumbres.

Vista de una aldea celta
Vista de una aldea celta - Ben Salter (CC by 2.0)

Sin embargo, este pueblo, la Nación Celta, no ha desaparecido de entre nosotros. Aun cuando, en los mapas no aparece ningún territorio asociado a ella, sí que perdura todavía su espíritu entre aquellos pueblos que han heredado su ancestral conocimiento sobre lo incorpóreo. Así, hoy existen personas que recuperaron todo aquel bagaje mágico y místico.

Una de estas personas fue el Druída Oldain. Una personalidad eminente en el estudio y recuperación de los rituales celtas. Fue uno de esos estudiosos que a principios del pasado siglo se adentró en el inframundo de los espíritus pasados para aprehender todo el conocimiento todavía vigente en el saber popular de aquellos pueblos de tradición milenaria.

Figura de bronce de Arduina
Figura de bronce de Arduina (Musée de Saint-Germain)

Así el Druída Oldain, incluso antes de recibir este nombre de Druída, se adentró en el bosque para conocer a la Diosa Arduinna y profundizar en el interior de la naturaleza, nuestra madre. Reconoció a la Diosa Coventina cuando buscó refrescarse a las orillas de un río para sofocar los calores provocados por la energía incandescente con la que la Diosa Brigantia decidió ponerlo a prueba. Luchó contra el Dios Smetrios. Se deslumbró con la sabiduría del Dios Lugh y fue despertando todos los sentidos necesarios para ser capaz de interpretar las señales de los Dioses hasta que la Diosa Dana, madre de todos los Dioses del panteón céltico, se materializó en su interior y le otorgó el poder del misticismo y del espiritismo.

Desde entonces todos los discípulos del Druída Oldain siguen sus pasos y lo consideran su Gran Maestro, y continuan la búsqueda de las señales de los Dioses y las Diosas en aquellos caminos donde antes las buscó él. Pero los intensos estudios y conocimientos que el Gran Maestro realizó y transmitió a sus herederos no se circunscribieron al misticismo céltico, sino que a través de su interacción con los Poderes Superiores fue capaz de descifrar la esencia última de la transmisión de Energía Mística y que trasciende a todas las Religiones. Y por ello fue capaz de reinterpretar el misticismo Maya y supo reconocer en el Dios Hunab Ku la esencia de la Diosa Dana. También en la cultura guanche percibió que la presencia de la Diosa Brigantia era intrínseca en el Dios Magec. El Dios egipcio Jnum le señaló en una de las sesiones transcorpóreas del Druída Oldain su íntima unión con la Diosa Coventina y también el Dios chino Zhu Rong le indicó su afiliación con el Dios Lugh.

De esta forma el Gran Maestro, el Druída Oldain fue descubriendo como todas las deidades locales de cada cultura no eran más que alteregos de los Dioses Universales, así la Diosa celta Dana para los mayas era conocida como Hunab Ku, los guanches la veneraban como Achamán, los egipcios le rendían procesiones en los templos de Karnak y Luxor pero reconociéndolo como Dios Amón, el mismo Dios que los chinos conocían como Shangdi (Shangdi).

El Druída Oldain fue uno de los más importantes investigadores sincréticos del neopaganismo, que incluso llegó a relacionar a algunos de los Dioses Universales con los Santos Cristianos. Durante la cristianización de los arcaicos pueblos celtas la Diosa Dana pasó a ser conocida como Santa Ana, la Diosa Brigantia desde entonces fue reconocida dentro del Cristianismo como Santa Brígida y así con los demás Dioses Universales.